El camino de la paradoja es el camino de la verdad. Para probar la verdad de las cosas hay que verlas en la cuerda floja. Cuando las verdades se hacen acróbatas, entonces

Podemos juzgarlas. -O. Wilde

domingo, 31 de enero de 2010

Sale con baterías


La tecnología,- con su dinamismo arrollador no ha dejado espacio en el que no esté presente, al punto de hacerse casi imprescindible.

Verdaderamente en la época que nos toca vivir, resulta por demás difícil ver plasmado el concepto de libre albedrío en su más elemental concepción.

Podemos encontrar su causa tal vez, en su no ejercicio, lo que nos llevaría a otras causales, las que prefiero dejar en manos de los especialistas que seguramente podrán ilustrarnos con maestría.

Más bien hallaremos en dicha falta de ejercitación, la causa toda de cierto determinismo imperante.

Algunos procesos de cambios ya arraigaron lo suficiente y no parecen tener intención de retroceder.

Han modificado conductas, espacios y tiempos, de manera que cuesta entender si se trata de evolución, o de la literal abolición de las riquezas intelectuales y lingüísticas reconocidas por el hombre a lo largo de la historia.

Si parece una exageración.- imaginemos escribir la letra de un tango, la que diría algo así: En donde el compadrito apoyado en el farol del ciber, muy abrumado por la traición de una pollera, para matar su pena, desenfunda su iPhone, para llevar su llanto amargo al Facebook.

Como adaptar los clásicos de la literatura a las nuevas acepciones lingüísticas tecnológicas, será todo un desafío.

Sirvan estas líneas, de introducción a circunstancias comprobables en la vida diaria, que sinceramente preocupan.

Sin baterías

Me niego rotundamente a ser fagocitado por la tecnología,- lo que no significa un total rechazo hacia la moderna era en la que nos toca vivir,- prefiero simplemente conservar mi condición de tutor,- de mi propia humanidad.

A lo que con gran fervor antepongo un muy cerrado rechazo, es a transformarme en un pseudo aparato,- “hibrido social inalámbrico”; el rechazo proviene de sus mas que significativas consecuencias,- tanto, como las alienantes que acarrea la condición de “aparato”.

El aparato al que hago referencia, coloca a disposición de nuestros sentidos y caprichos,- en cualquier hora y lugar, todo nuestro bagaje existencial,- miserias incluidas,- de allí, que con sorpresa podemos encontrarnos, ya sea,- en un transporte público,- en el trajín peatonal o aeróbico, en un cine o en un teatro, etc. etc., asistiendo sin proponernoslo a exhibiciones histriónicas extras, y todo por el mismo precio, que es: mantener la batería cargada,- como condición necesaria para que en el ámbito que fuere, podamos saber que en la cartera de la dama, o en el bolsillo del caballero se guarda el control.

Control que transformó significados, costumbres y derechos.

Hoy perder el control es una frase que remite a un objeto,- no, a una situación emocional determinada.

Surrealista imagen la de personas en virtual comunicación,- de pronto un sujeto me explica, que los insultos que profiere no me tienen como destinatario,- como tampoco soy responsable de las lagrimas de decepción y tristeza de una señorita que me mira, mientras parece hablarle… a la nada.

Como nada perturba a quienes, todo el día llevan incrustado en sus hendiduras auditivas, unos adminículos que parece transportarlos a un mundo de autistas.

Se trata de una patética realidad que no permite imaginar la nueva historia a construir desde la virtualidad del hombre moderno.

Desafío mayúsculo resultará el transmitir las historias construidas por la humanidad,- la de carne y hueso, esa que aburre por carecer de tecnología.

Hazañas como las de San Martín, o Napoleón, o J. Cesar, parecen ridículas sin GPS.

Quizás en un tiempo no muy lejano, nos veamos sorprendidos con alguna publicidad que nos sugiera, que mediante un sencillo implante,- en nuestra desprevenida mollera poseamos la enciclopedia británica,- y en orden descendente para los menos ambiciosos de contenidos, podrán incorporarse mediante una píldora, un gran contenido mediático histórico de última hora.

¿Habrá que reescribir los clásicos?

-El lobo de Caperucita estaría perdido si la abuelita hubiese sido puesta sobre aviso vía Messenger.

-Incauta internauta resulto ser La bella durmiente,- parece ser que la bruja, vendía sus hechizadas manzanas por Internet.

-Muy concentrada en el texto,… que crecía, pulgares mediante.- la farolera tropezó.

-Había adquirido las destrezas de los monjes Shaolin.- con paso cansino y los ojos cerrados, avanzaba por el obscuro sendero, el sueño le devolvía las fuerzas,- soñando, conseguía cambiar su austera imagen,- por la de Pegaso llevando al mas bravo de los jinetes de todos los tiempos,- y en efecto, el mas bravo de todos los bravos jinetes, se encontraba absorto,- en encarnizada y sangrienta batalla con unos dragones infernales,- realismo que aumentaban las ramas de los árboles,- que se obstinaban, en no cederle el paso,…al cabo de un tiempo, y ya habiendo salido de aquel cerrado bosque, estando a punto de conseguir la victoria, ni su lustroso yelmo con pantalla de plasma y sonido envolvente pudo librarlo de un descomunal golpe, que propinado por descomunal gigante jamás visto, terminaron en el desparramo por el suelo de toda su humanidad,… consola incluida.

Lentamente, giraba el molino.

Siguiendo el camino de sus sueños,

Lentamente, se alejaba Rocinante.

Mientras cerraba aquel libro virtual que se llamaba “Transformers de La mancha”.

-Muy barroco, abuelo,- me decía mi nietito, después de haber escuchado la lectura,- al tiempo que colocaba los dedos en el enchufe.

Ante el estupor que me provocaba semejante escena y al grito de…que ¡haces!!! Me responde,… tranquilo abuelo, cargo las baterías.

Sintiéndome una vieja vitrola, me fui a dormir, pero por si las moscas, me puse a inspeccionar la dentadura para ver si tenía baterías, no fuera que mientras dormía me engullera solo.

Recobrando la cordura me propuse no leer más ficción,- y apagué la luz con la esperanza de poder soñar,… en Lo que el viento, se llevó.

sábado, 30 de enero de 2010

Aprovechando el pié

(El plan de compensaciones que presentó hoy "va a subsidiar parte del forraje" con el que se alimentan los chanchos, lo que, aseguró, "va a permitir que los cortes porcinos lleguen más baratos a la gente".)
Sublime autocrítica, habría que ver que opinan sus compañeros de tropelías ante la calificación de cerdos, lo de los subsidios ya lo sabíamos, solamente que estaba expresado de manera que no sugería que se trataba de una casta, otra novedad, el que coma carne de cerdo podrá ser acusado de antropofagia, me queda la duda sobre lo mas barato, ¿tendrá algo que ver el discrecional manejo de caja? De todas maneras,-que un político cueste menos ya es algo.

enero 28, 2010

La magia requiere ser creíble, la decencia apela a la verdad

Los Cagliostros que nos representan dan pié para cualquier humorada, lo penoso es que no dejan margen para tomarse al país en serio, la ironía de un chiste no se exporta,- la ridiculez si, y la pagamos todos con una moneda devaluada por el mercado dirigente - la vergüenza.El humor es un buen Bálsamo, aunque muy penoso su origen.

Un gran saludo Scolaro



jueves, 28 de enero de 2010

El pueblo lo paga caro, hay quienes cobran por no ver y otros por vernos la cara

Todo demuestra, y mal que nos pese, habrá que desempolvar el látigo, solo para empezar, el de la ley estaría bien, pero ese es otro ítem un tanto obscuro.

El privar de su patrimonio mal habido a los delincuentes ayudaría, y en parte impediría al menos que la patota siga financiándose con el producto del esfuerzo de una mayoría, que manifiestamente pretende recuperar la nación que Argentina supo ser.

Lo que no significa un retorno al pasado, entiéndase bien,-.

Hoy es común escuchar que Argentina no tiene tecnología propia, y es verdad,- la entregaron los traidores de turno,- pero es la verdad de hoy, la historia no deja mentir,- esa misma historia también habla de nuestros propios y autóctonos bandidos, de los que se pudieron mantener a raya y de los que no se pudo,- hoy los podemos ver encaramados en el poder.

¿Qué pasó? El tiempo de historia que tiene nuestra nación no alcanzo para tener un pueblo maduro? ¿No fueron suficientes las malas experiencias?,- y,- parece que no.

A las nuevas generaciones se les confiará el futuro, y nuevamente la pregunta sería: ¿tomarán las banderas fundacionales? O serán arrastrados por el statu quo? Que muy contrapuesto a los intereses nacionales, de desarrollo e independencia, política y económica, hoy nos permite mostrarnos al mundo como verdaderos parias.

Las alarmas suenan más fuerte que nunca,- y duele ver como los pillos se salen con la suya ante tanta impavidez. La venda de los ojos en el símbolo de la justicia sugiere equilibrio, imparcialidad,- talvez, sea necesario explicarles sobre la no literalidad de la susodicha venda a quienes representan a la justicia,- una cosa es cierta; si no veo, no me comprometo.

Un pueblo abúlico,- se conformará con una pelota para cada uno,… pero Borges hablaba de otra cosa, y yo también.

--Perdón por el,- yo también,- me olvido que somos muchos,- pero también soy consiente de que necesitamos ser mas, y pronto.-

sábado, 9 de enero de 2010

Parsimonia


Rumiantes a la orilla del camino trunco, ya sin dientes útiles, con una pesada digestión de nada, exhiben sus miserias óseas cual producto de una existencia sin sobornos.

Mentes bovinas, logradas en el tiempo que se permitió y se permite.

Penosa postal de un pueblo que fue traicionado desde dentro, que es la única manera.

La manada no reconoce derechos violentados, solo necesita espacio para pacer.

Manada que aunque pacifica, deja de serlo en estampida, la unión la pondrá a salvo, pero no la salva de ser manada.

En posterior calma, talvez se reconozcan individuos, personas libres después que justas.

Desempolvar el espíritu de La Constitución Nacional resultaría el mayor acto de justicia, para que los últimos doscientos años no hayan resultado en “la nación que no pudo ser”,… ni ser justa,… ni libre,… ni soberana.

Hoy,… solo una quimera, y que no produce el menor rubor, ¿o es que la vergüenza paso de moda? Esta sería una buena pregunta para los estadistas, que se llaman demócratas elegidos por el pueblo, además están los que esperan su turno, o tajada, afectos todos, a las manadas mendicantes.

Limpiar la porquería nunca resulta grato, tarea que solo la podrán llevar a cabo los que aún conservan en plenitud su salud moral, los que no son pocos, y no integran manadas.

El primer paso si mal no recuerdo, consistía en arremangarse.

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Impunidad y Fortuna

El poder come miedo. Sin los demonios que crea, perdería sus fuentes de justificación, impunidad y fortuna.
Peligro
por Eduardo Galeano*

El poder come miedo. Sin los demonios que crea, perdería sus fuentes de justificación, impunidad y fortuna. Sus satanes (Bin Laden, Saddam Hussein o los próximos que aparezcan) trabajan, en realidad, como gallinas de los huevos de oro: ponen miedo. ¿Qué conviene enviarles? ¿Verdugos que los ejecuten o médicos que los cuiden? El miedo distrae y desvía la atención. Si no fuera por los servicios que presta, lo evidente quedaría en evidencia: en realidad, el poder se mira al espejo y nos asusta contando lo que vio. Peligro, peligro, grita el peligroso.

El patriotismo es un privilegio de los que mandan. Cuando lo ejercen los mandados, ¿se reduce a mero terrorismo? ¿Son terroristas y nada más que eso, pongamos por caso, los actos de desesperación suicida de los palestinos desalojados de su país y los ataques de la resistencia nacional contra las fuerzas extranjeras que ocupan Irak?

El mundo patas arriba nombra al revés. El poder, enmascarado, niega el sentido común.

Si así no fuera, ¿podría caber alguna sombra de duda de que el actual gobierno de Israel practica el terrorismo, el terrorismo de Estado, y difunde la locura? A medida que ese gobierno devora más y más tierras y más humillaciones inflige al pueblo palestino, más respuestas criminales genera. Y esos atentados, que matan inocentes, le sirven de pretexto para matar muchos más inocentes y para cometer cuantas atrocidades se le ocurran.

Si algún resto de sentido común quedara en el mundo, resultaría increíble que Ariel Sharon pueda hacer lo que está haciendo con absoluta impunidad, como si fuera la cosa más normal: invade y acribilla territorios ajenos; alza un muro que deja chico al de Berlín, de triste memoria, para blindar lo que usurpa; anuncia públicamente que asesinará a Yasser Arafat, un jefe de Estado democráticamente elegido por su pueblo; y bombardea Siria, a sabiendas de que los Estados Unidos vetarán, como de costumbre, cualquier condenación del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

Ocurre que en este mundo los países y las personas se cotizan en la Bolsa, y su valor depende de la geografía del poder. ¿Cuántos inocentes volaron en pedazos, sin comerla ni beberla, en la última guerra de Irak? Los vencedores no han tenido tiempo para contar a sus víctimas, civiles que existían y ya no existen, porque han estado ocupados buscando las armas de destrucción masiva que no existían ni existen.

No hay, pues, cifras oficiales. Los cálculos oficiosos más serios han contado, sin embargo, no menos de siete mil setecientos muertos civiles, muchos de ellos niños, mujeres y viejos. ¿Cuánto valen esas vidas? En proporción a la población, la cantidad de iraquíes destripados equivale a noventa y cuatro mil estadounidenses.

¿Qué hubiera pasado si el país invasor hubiera sido el país invadido? Las víctimas norteamericanas de semejante carnicería seguirían siendo el tema perpetuo de los medios de comunicación masiva. Las víctimas iraquíes no merecen, en cambio, nada más que silencio. De sobra se sabe que el robo fue el único móvil de esta matanza, cometida con premeditación y alevosía. Pero los asesinos en serie siguen diciendo que hicieron lo que hicieron en defensa propia, y no están presos ni arrepentidos.

El crimen paga: desde las cumbres del poder, ellos amenazan al mundo con nuevas hazañas, mintiendo peligros, inventando enemigos, sembrando el pánico.

El presidente Bush adora citar el Apocalipsis, pero más práctico sería que citara los noticieros, que son más actuales y dicen más o menos lo mismo. Aquel espeluznante texto bíblico, una profecía contada en tiempo pasado, era más bien exagerado y se equivocaba en las cifras, pero hay que reconocer que las noticias del mundo de hoy se le parecen bastante. Decía el Apocalipsis: “Junto al gran río Eufrates fue exterminada la tercera parte de los hombres por el fuego, el humo y el azufre”.

Y también decía: “La tercera parte de la tierra quedó abrasada, la tercera parte de los árboles quedó abrasada, toda hierba verde quedó abrasada. Pereció la tercera parte de las criaturas que tienen vida en el mar. Mucha gente murió por las aguas de los ríos, que se habían vuelto amargas.” El autor, San Juan o quien haya sido, atribuía estas catástrofes a la ira divina.

El nunca había oído hablar de las bombas inteligentes, ni del dióxido de carbono, ni de la lluvia ácida, ni de los pesticidas químicos, ni de la basura radiactiva. Y no podía imaginar que la sociedad de consumo y la tecnología de la devastación serían más temibles que la cólera de Dios.

Bombas contra la gente, bombas contra la naturaleza. ¿Y las bombas de dinero? ¿Qué sería de este modelo de mundo enemigo del mundo sin sus guerras financieras? En más de medio siglo de existencia, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional han exterminado una cantidad de gente infinitamente mayor que todas las organizaciones terroristas que en el mundo son o han sido. Ellas han contribuido, de muy poderosa manera, a hacer el mundo tal cual es. Ahora este mundo, que hierve de indignación, asusta a sus autores. “El Banco Mundial, apóstol de la privatización, sufre una crisis de fe”, comenta el diario The Wall Street Journal.

En un informe reciente, el Banco descubre que la privatización de los servicios públicos, que sus funcionarios han impuesto y siguen imponiendo a los países débiles, no es exactamente un maná del Cielo, sobre todo para los pobres abandonados a su suerte. Alarmado por las consecuencias de sus actos, el Banco dice, ahora, que habría que consultar a los pobres y que los pobres "tendrían que supervisar las inversiones privadas”,aunque no explica cómo podrían realizar esta tareíta.

Y los pobres también preocupan al Fondo Monetario, que se ha pasado la vida estrangulándolos: “Es preciso disminuir las desigualdades sociales” concluye el director del Fondo, Horst Köhler, después de meditar el asunto. Los pobres no saben cómo agradecer tanta gentileza.

Estos organismos, que ejercen la dictadura financiera en el orden democrático, de democráticos no tienen nada: en el Fondo, cinco países deciden todo; en el Banco, siete. Los demás ni pinchan ni cortan. Tampoco es democrática la dictadura comercial.

En la Organización Mundial de Comercio nunca se vota, aunque el voto está previsto en los estatutos. La organización colonial del planeta correría peligro si los países pobres, que suman la abrumadora mayoría, pudieran votar. Ellos están convidados al banquete, para ser comidos. La dignidad nacional es una actividad no rentable condenada a desaparecer, como la propiedad pública, en el mundo subdesarrollado.

Pero cuando las dignidades se juntan, otro gallo canta. Eso ocurrió en Cancún, recientemente, en la reunión de la OMC: los países despreciados, los mentidos, se unieron en un frente común, por primera vez después de muchos años de soledad y de miedo. Y naufragó la reunión, convocada, como de costumbre, para que la mayoría ejerciera su derecho de obediencia.

Está ocurriendo por todas partes: resulta que el poder no es tan poderoso como dice que es.

Fuente: RedVoltaire

Refranes

Nueva York, Madrid, Londres: el terrorismo ataca nuevamente.
por Eduardo Galeano*

Este fue el título principal de muchos diarios del mundo, en la edición que informó de las explosiones que sacudieron a la capital inglesa. Reveladora coincidencia: no mencionaron a Afganistán ni a Irak. Los bombardeos contra Afganistán y contra Irak ¿no fueron, no siguen siendo, atentados terroristas, que en el caso de Irak se repiten día tras día?

¿No es siempre, o casi siempre, la clase trabajadora quien pone los muertos en los atentados y en las guerras? ¿No merecen el mismo respeto y la misma compasión las víctimas de cualquier expresión del desprecio por la vida humana?. Sin comerla ni beberla, no menos de tres mil campesinos fueron despedazados por las bombas que buscaron, y no encontraron, a Bin Laden en tierras afganas.

Y no menos de 25 mil civiles, muchos de ellos mujeres y niños, fueron despedazados por las bombas que buscaron, y no encontraron, las armas de destrucción masiva en Irak, y por el baño de sangre que sigue provocando la ocupación extranjera del país. Si Irak hubiera invadido a los Estados Unidos, anormalidad que a nadie se le pasa por la cabeza, las víctimas civiles serían, en proporción, trescientos mil norteamericanos. Por los siglos de los siglos resonarían en el mundo los truenos de semejante horror. Como los muertos son iraquíes, rápidamente se convierten en costumbre.

En 1776, la Declaración de Independencia de los Estados Unidos afirmó que todos los hombres son creados iguales, pero poquitos años después la primera Constitución aclaró el concepto: estableció que en los censos de población, cada negro equivalía a las tres quintas partes de una persona. ¿A cuántas partes o partecitas de una persona equivale, hoy día, un iraquí?

“Unos son más iguales que otros”, dicen que dicen.

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Y dicen: “Otros vendrán que bueno te harán”. El terror de Estado, fecundo papá de todos los terrorismos, encuentra coartadas perfectas en los terrorismos que genera. Derrama lágrimas de cocodrilo cada vez que la mierda pega al ventilador y simula inocencia ante las consecuencias de sus propios actos. Pero no tienen de qué quejarse los dueños del mundo: las atrocidades que cometen los fanáticos y los locos les brindan justificación y les regalan impunidad.

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“La mentira tiene patas cortas.” A la vista está: la mentira tiene patas larguísimas. Tan larguísimas que corren a mucha mayor velocidad que los desmentidos de los mentirosos.

Después de gritar a los cuatro vientos que Irak era un peligro para la humanidad, Bush y Blair admitieron públicamente que el país que habían invadido y aniquilado no tenía armas de destrucción masiva. En las elecciones siguientes, en Estados Unidos y en Gran Bretaña, el pueblo los recompensó reeligiéndolos.

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“El crimen no paga”: ya ni los refranes saben lo que dicen. El mundo gasta nada menos que 2.200 millones de dólares por día, sí, por día, en la industria militar, industria de la muerte, y día tras día la cifra sube y sube. Las guerras necesitan armas, las armas necesitan guerras y las guerras y las armas necesitan enemigos.

No hay negocio más lucrativo que el asesinato practicado en escala industrial. Su industria derivada, la industria del miedo, consagrada a la fabricación de enemigos, es hoy por hoy la principal fuente de ganancias de las empresas dedicadas al entretenimiento y a la comunicación. En Hollywood ya no hay película que no estalle, y sus guionistas agregan sustos al susto: por si fuera poco el pánico terrestre, agregan las amenazas del terror importado desde otros planetas.

La industria militar necesita producir miedo para justificar su existencia. Perverso circuito: el mundo se convierte en un matadero que se convierte en un manicomio que se convierte en un matadero que... Irak, país bombardeado, ocupado, humillado, es la escuela del crimen más activa en nuestros días. Sus invasores, que dicen ser libertadores, han montado allí el más prolífico criadero de terroristas, que se alimentan de la desesperanza y de la desesperación.

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“Al que madruga, Dios lo ayuda.” ¿Madrugan los jefes guerreros? ¿Madrugan los exitosos banqueros? En realidad, el refrán exhorta a levantarse tempranito a los humildes laburantes, y proviene de los tiempos en que trabajar rendía. Pero en el mundo actual, el trabajo vale menos que la basura.

De los dos motores del sistema universal de poder, este sistema que se llamaba capitalismo allá en mi infancia, sólo funciona uno. El estímulo de la codicia desapareció, al menos para la mano de obra. Ya nadie tiene ni la más remota esperanza de hacerse rico trabajando. Ahora los dos motores son el miedo y el miedo: miedo a perder el empleo, miedo a no encontrar empleo, miedo al hambre, miedo al desamparo.

Los sindicatos defendían a los trabajadores, en tiempos que ahora parecen prehistóricos. Las empresas multinacionales más famosas, Walmarts y McDonald’s, niegan sin el menor disimulo el derecho obrero a la agremiación y arrojan a la calle a quien cometa la osadía de intentarlo. A los organismos internacionales que velan por los derechos humanos, esta escandalosa violación no les mueve un pelo; y el ejemplo cunde. El ninguneo de los sindicatos, o su prohibición lisa y llana, empieza a ser normal.

El sindicalismo, fruto de dos siglos de luchas obreras, está en crisis en todo el mundo, como están en crisis todos los instrumentos de defensa colectiva y pacífica de la gente que vive de su trabajo, y que ahora, librado cada cual a su suerte, sobrevive obligada a aceptar, sí o sí, lo que los empleadores exigen: el doble de horas a cambio de la mitad del salario..

Los sindicatos, debilitados, perseguidos, poco pueden ayudar, y Dios tiene, al parecer, otras ocupaciones. El presidente Bush lo necesita noche y día: es misión divina su proyecto de conquista del planeta, y Dios guía sus pasos. ¿Cómo se comunican? ¿Por mail, por fax, por teléfono, por telepatía? Secreto de Estado.

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“A las armas las carga el Diablo.” Este refrán no se equivoca. Dios no puede ser tan jodido. Ha de ser el Diablo el que carga las armas, o al menos las armas de destrucción masiva, las verdaderas, las que Irak no tenía, las que están reventando al mundo: los bombardeos de mentiras de las fábricas de opinión pública; las armas químicas de la sociedad de consumo, que enloquecen el clima y pudren el aire; los gases venenosos de las fábricas del miedo, que nos obligan a aceptar lo inaceptable y convierten la indignidad en fatalidad del destino; la mortífera impunidad de los asesinos seriales elevados a la categoría de jefes de Estado; y las espadas de doble filo de las grandes potencias que multiplican, a la vez, la pobreza y los discursos contra la pobreza, y al mismo tiempo venden minas antipersonales y piernas ortopédicas y desde los cielos arrojan misiles y contratos de reconstrucción sobre los países que aniquilan.

Página 12

Eduardo Galeano

Periodista y escritor uruguayo, autor de Las Venas Abiertas de América Latina, La canción de nosotros, Días y noches de amor y de guerra, Las palabras andantes, El libro de los abrazos, entre otros.