
El tiempo se detuvo quien sabe cuando, seres de carne y hueso, también humanos como nosotros, ¿contaminados?, sí también, pero de pestes diferentes e insalvables para ellos ante el muro de la indiferencia, hipocresías del mundo desarrollado, desarrollado al mas alto nivel en su codicia, que refugiado en su cinismo vierte lágrimas de cocodrilo.

Imagen ideal, representativa, y si se quiere una metáfora elocuente, de la maquinaria del mundo desarrollado en la antropofagia, versión moderna del canibalismo económico globalizado.

Este engranaje no puede estar ausente y talvez el reloj vuelva a marchar en ese sector del continente africano, al menos para unos pocos bien alimentados por el sistema, no así para la mayoría a la que semejante obscenidad no le aliviará sus padecimientos.

El desarrollo les provee tecnologías, auque no todas como podemos ver,… el techo de sus casas no soporta el peso de una antena satelital, y tampoco es cuestión de dejar a las vinchucas sin albergue.

Otras tecnologías a la que pueden acceder y sin sonrojos del desarrollo contribuyen a combatir el sida, y de paso el hambre, ese mismo que numerosas ONGs no alcanzan a palear.
Lo extraño es la falta de difusión de aquellas que evitan el tráfico de armas,…seguramente son cuestiones de comunicación nada más.

Es un mineral que desde 1998 hasta el 2003 contribuyó a que 3.800.000 personas no padecieran hambre nunca más, por lo que no cabe duda… el desarrollo les va llegando.

Solo es cuestión de tiempo, este niño tendrá que ser paciente, tiene que pensar que si el hombre llegó a la luna que está un poco lejos, su ayuda no tardará demasiado en llegar.

Tendrán el honor de ser anfitriones de la opulencia, y como bien saben que cuando un rico los visita,…siempre deja algo para que lo recuerden.

Eternas lágrimas amargas que habrá que enjugar cambiando el sistema, este pueblo está allí indicándonos el final del camino, de un camino que ya estamos recorriendo todos apañándolo.
El progreso deberá mostrarles a niños como este, que también tiene tripas, igual que el, aunque no lo parezca.
No necesitamos volvernos para saber que detrás nuestro está esperando un buitre, ese mismo que se alimenta de nuestra arrogancia.

El desarrollo de ultrasofisticados telescopios, brinda a la humanidad la posibilidad de encontrar vida en otros mundos, con los que poder compartir toda nuestra sabiduría.
Quizás se necesite de algún extraterrestre que nos ilumine diciéndonos que nos parecemos mucho; pero no a ellos sino más bien, a esa vela, que no es capaz de alumbrar su propio candelabro.